La Celda.-
Estar pendientes de voces ajenas le hace desear una soledad silenciosa. Como si de repente se encontrara frente a un ventanal que le muestra un enorme precipicio y la protege al mismo tiempo del ruido, que al intentar traspasarlo se convierte en silencio ensordecedor.
Y se encuentra ahí, aislada de todo, sin un mínimo sonido, con la vista de lo que tiene que enfrentar para llegar al ansiado paraíso de la liberación. Pero no está sola, las voces ajenas retumban en su mente...voces del pasado, del presente y de un posible futuro se mezclan para decirle que no salga, que no cruce, que el camino hacia ese paraíso es demasiado difícil, que si se tira al precipicio pone en jaque su suerte y en muerte su vida.
Se le eriza la piel, intenta llorar pero ni una lágrima asoma por sus ojos, duda...duda los instantes suficientes como para pensar que nunca podrá llegar ahí. Mueve sus manos como quien pretende espantar una mosca para lograr que las voces desaparezcan... se esfumen.
Y el silencio vuelve a rondar en el momento que su mirada se centra en ese reflejo de ella misma que le regala ese ventanal protector. Se mira... está sola, nada ni nadie la rodea, está descalza, y con la mirada triste. Se queda quieta, observándose, tratando de analizarse a si misma y a la situación. Se desconcentra.
Es la luz del sol que no puede tocarla con sus rayos la que la saca de ese estado y la lleva a contemplar el afuera... con su precipicio y paraíso... "Lo que podría ser".
En cada centímetro que recorre con su mirada la duda se hace mayor... golpea sus manos fuerte contra el ventanal, los apoya en él, como si buscaran una respuesta. No sabe si la encuentra o no, porque está atemorizada... no sabe de lo que es capaz, pero así también sabe que si sale de esa realidad, aquellas voces no la perseguirán mas.
La decisión está tomada, solo le falta el coraje para hacerla realidad. Vuelve su mirada atrás, observa por ultima vez todo lo que la rodea en esa jaula de cristal... se da cuenta que si sale de ahí no está dejando absolutamente nada ni nadie atrás... está sola.
Por ultima vez busca su reflejo en el vidrio pero solo para ver su rostro... poco a poco ve dibujarse en él una sonrisa sincera y sin miedo; y ve como sus ojos se llenan de lagrimas de ilusión... con su mano saca el seguro que cierra ese ventanal, respira profundo... no le preocupa aquel precipicio o llegar a aquel paraíso tan ansiado.
Abre la ventana... cierra los ojos... camina hacia el exterior... siente la brisa en su rostro y escucha sus sonidos...
Las voces desaparecieron, lagrimas comienzan a caer por sus mejillas... extiende sus brazos, como para abrazar la vida... abre los ojos y se deja caer...
¡Porque está viva!

Maria Emilia Pavone
11/02/2009